viernes, 1 de noviembre de 2013

LA 21 BARRACAS - MURALES TERMINADOS.

 FOTOS DE LA 21 BARRACAS.

La escuela, el colegio, la universidad. El resto va por nuestra cuenta.

Cuando se habla de educación usualmente se habla también de modernización, actualización, globalización. Palabras huecas. No hay otra metáfora para la educación que la vida. Como la vida –la de carne, vísceras y sentidos– es la metáfora de la educación. Original y copia se retroalimentan en aras de moldear mejores seres humanos.
Vida y conocimiento. 

La educación no es otra cosa más que, reflexión, reproducción, representación de la práctica del vivir, donde los estudiantes deben reinventar el mundo y los profesores también. Donde cada día, con la suma de informaciones, concretas y abstractas, parciales y generales, reelaboramos nuestra postura vital y asumimos las elecciones correspondientes. Algo muy simple y al mismo tiempo muy complicado como es el principio filosófico de todas las cosas.
Si la metáfora es la vida, su instrumento es el conocimiento. Por lo tanto si no conozco la vida no educo y no me educo. Si conozco la vida, la plural y la particular. El movimiento externo y el movimiento interno de las cosas, mi camino será claro, mi aprendizaje intenso y duradero, pero si no conozco la vida, si niego el movimiento, el protocolo de lo vivo en todas sus manifestaciones, el camino será engañoso, lleno de palabras y pocos resultados duraderos. Será un simple camino para un fin y no un camino en sí mismo. La metáfora del camino es muy antigua pero muy ilustrativa. Un punto de partida y un punto de llegada y en medio una línea.

Si recordamos todas las historias acerca de caminos, lo importante de ellas se encuentra en la línea. No en el principio ni en el fin.
¿Educarnos para qué? ¿Para cumplir con un protocolo social? Para aprender un oficio que nos mantenga? ¿Para mantener los niveles propios de la globalización?

No. Educarnos para la vida que es decir todo: lo social, lo económico, lo técnico, lo biocircundante; pero también lo comprensivo, lo integrador.
Lo que sistematiza el goce de estar vivos, de ser personas actuantes, protagonistas en ejercicio de su libertad en las esferas privadas y públicas de sus vidas.
Es la mejor metáfora, la más simple y la más difícil. Ya que educar va paralelo a vivir, y que a veces la vida no da para más cuentas que los números, comprometámonos con esa parte de nuestras vidas destinada para ello colectivamente. La escuela, el colegio, la universidad. El resto va por nuestra cuenta. Pero esa es otra metáfora. La de la serpiente terca que se muerde la cola mientras busca el equilibrio entre la responsabilidad y la libertad.

















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